martes, 25 de diciembre de 2012

Bueno y Malo.
Los días contigo son buenos para mis soles, los insomnios sin ti, son malos para mis sombras en forma de luna que se posan bajo mis ojos. 
Mi rostro es bueno cuando lo miras, es malo cuando el invierno le traza algunas grietas, cuando el tiempo le pinta senderos que llevan a la muerte.
Mis manos son buenas cuando están entre las tuyas, pero son malas, malísimas cuando se hunden en transparencias. 
Mis palabras son buenas cuando te vas, pero secas cuando me miras.
Un poco de ausencia es buena cuando estás medio lejos, pero es mala cuando estamos hombro a hombro. 
Mi memoria es buena cuando dices y haces, pero mala para las ciencias. 
Mi cuerpo es bueno cuando es tuyo, pero malo cuando se inmoviliza entre sábana frías y lejanas a tu piel. 
Yo soy buena cuando te miro, cuando sé que habrá un mañana contigo, cuando te escribo, cuando te leo en la oscuridad, cuando te busco, cuando no miento, cuando acaricio, cuando el tiempo de todos mis verbos lleva tu nombre, cuando creo que el único sitio son tus brazos, una taza o un libro.
Pero soy mala, terrible, triste, vacua, cuando no existo, cuando critico, cuando me ubico, cuando la realidad se me sube a la espalda y no me deja avanzar, cuando me asusto, cuando soy débil, cuando construyo muros en blanco,  cuando clausuro miradas, cuando llueve y me ofusco, cuando te sales del marco, cuando te extraño, cuando soy sólo yo sin tus brazos, cuando me miran extraño, cuando me acerco a el pasado,cuando despierto en mi cuarto, cuando termina el verso. 

lunes, 24 de diciembre de 2012

Pluc

No se requiere mayor erosión en la lógica, conocemos el final desde la ventana de la utopía más clásica. 
El sueño anacrónico, porque se difumina el tiempo entre la lengua. 
La misma manzana podrida entre una familia enlatada y conservadora, pero con diferente gusano; el mismo sufrimiento ignorado por el muro entre los labios. El mismo túnel de salida que el resto no conoce ni piensa comprender, la misma inutilidad inventada por el lobo sociológico. 
Entre el vicio que no mata y el infierno que congela, se rompen todos los espejos.
Si llega a algún piso que no se parezca al asfalto del barrio con sabor a café regado, asegúrese de que sus escaleras lleven tildes de vez en cuando, pero siempre un verbo fatalizado.