lunes, 8 de julio de 2013

¿No te cansas?

¿No te cansas?, ¿No es agotador caminar sobre el profundísimo lodo? , ¿No te pesa sonreír ante las cámaras apestañadas de esos cíclopes atormentados que te persiguen con sus posturas de cartón pintado?
Porque al menos a mí desde lejos me jode, me jode mirar el hilo tensado por saber que te me escapas; la lamentable noción de saber que lees los libros que te regalé girados a más de 180 grados, la casi deplorable certeza con la que te juras el brillo del espejo estrellado.
Debe romper la columna amanecer desnuda y pintarse de falsas convicciones cada mañana, con la iniciativa de rescatar una relación de la que ya no quedan mas que ruinas y filatelias de mariposas muertas. Al final del pasillo queda sonreirle al mundo con los dientes apretados y vendarse bien fuerte los ojos para jurar con minimalismo léxico la inmensa felicidad en la que presumes revolcarte.

miércoles, 3 de julio de 2013

Malas noticias, amiga.

Hoy te vi, ya no necesito mirarte para apreciar tu completa imagen, hasta tu sombra tras la neblina me parece visible. Supe desde el primer día, como pirómana de hielo que soy, que venías para que te quemara las cortinas sin quererlo. Te negabas; dijiste que el humo es inasible, y era cierto, pero te fui quitando el polvo de los ojos para luego escupirte alquitrán. Evasiva como nadie, o más bien como yo. No te voy a decir que fue un accidente tomar tu mano sabiendo que éramos hielo derrietiéndose, no te voy decir que quedarme contigo fue un accidente. Pero sí creí que tus ojeras eran naturales: sé que estás rota,sé que no puedo ayudarte en nada; pero sé también que esta ruina que soy va perfecta con tus cristales que reflejan la demencia de lo que ya no somos.
No somos amigas, somos títeres taladrados de falacia. Detesto poder adivinar cada movimieto tuyo, detesto tus vicios que son tan distintos a los míos.
Se me inunda la sonrisa cada vez que te niegas a una confesión y mi intuición tiene que ser piadosa con tus ojos arrugados. Me revienta los sesos que me juzgues con tanta devoción de lo anhelado entre la mugre de tus uñas sangrantes.
No haré promesas estúpidas calcadas de una bastardería filantrópica, pero puedes saber que nunca voy a dejar de prestarte mis libros. Te perdono por los pétalos quemados de risa frustrada, te perdono la omisión.
Malas noticias: te quiero, bastarda. No me hagas repetirlo nunca, no me avergüences diciendo que entronizo fatalidades sobre papel, porque esta es la verdad más completa que voy darte; las malas noticias se dan en voz alta y en el último piso de un edificio.