martes, 17 de noviembre de 2015

Conocemos un sitio

            Para el más de mis camaradas.

Conocemos un sitio que cierra después de las tres de la mañana, conocemos la oscuridad y el silencio del otro...
Nos sorprendemos con un six de bohemia a calles de mi casa. Llego empapada de esos días de septiembre y no es porque pelee contra el tiempo para  reclamar nuestra historia, nada de corazones rotos contigo, camarada. Es por la prisa y el riesgo de la piel expuesta desde hace días tan húmedos.
Si acaso algo me recordará a ti, será la ligereza con la que reconstruiste mi teoría de los besos y salpicaban gotitas de sudor en el suelo, clandestinos; me besas con prisa desde que te di tanto derecho a mi boca. Ya no me sonrojas tanto.
Escapas de la imagen de otro cabello de años atrás y yo de la de los ojos del hombre duro que dejé. Ahora ya no hablamos de nada realmente, pero ¿aún es justo llamarte "camarada"? 

Cuestiones técnicas

                     A Luis Felipe, porque a nadie más le contaba lo mismo. 

Todo fue y no espero que se repita...
Fue llegar con calurosa prisa a la esquina en la que me esperabas.
Te pedí que te detuvieras a comprar cigarros y hablé absurdamente de todo lo que era mi vida después de ti. 
El poema de niña que te hice estaba arrugado y mis ojos también. Entré con miedo y tu perro me hizo una especie de guiño. No nos conocíamos más.
Estaba nerviosa y bebí whisky con excitación apurada, bebí con el estómago vacío.
Me hablaste de ellas, de todas. Yo te hablé de él y de mi trabajo.
Recuerdo que tardaste en besarme y que minutos después girábamos endemoniadamente por el suelo. 
Fuimos por la cena, por cuestiones técnicas e hicimos promesas irónicas. Fue bueno simular que nos amábamos por un día para siempre. Fue bueno recordarnos. 

Cuestión de tiempo

La cama está como siempre revuelta, la casa es un desorden y siempre está oscura, ahora estoy sola y enciendo el televisor; mi hermano se ha ido a jugar fútbol con sus amigos, pero hoy no iba el guapo, así que preferí  quedarme; la  pantalla, la estúpida pantalla, no quiero ver caricaturas pendejas que repiten los mismos capítulos siempre.

Ahora un comercial: ropa interior, mujer atractiva, cabello que se mueve con el aire, ceja levantada; ojalá fuera como ella. Intento imitar la pose de la mujer, maquillaje de mi madre, ropa de mi madre y… ¿cigarros? , cigarros de mi madre. Salgo con la cajetilla de Camel  y esas botas altas con las que apenas puedo caminar, ni hablar de la blusa escotada que no lleno; nunca había fumado, seguro cuando entre a secundaria mis amigos lo harán y no me gustaría pasar vergüenzas, mejor aprendo de una vez; primer cigarro, el humo se me pega al cabello, ni siquiera pasa de mi boca a mis pulmones cuando ya tengo la cara inundada de ese veneno inasible,  nunca me había sentido tan chingona. Empiezan los nervios, pero disfruto de esa adrenalina; otro cigarro, intento exhalar completamente, me ahogo, sigo. De repente me siento como de 20 años, y ya soy un poco la mujer del comercial, dispuesta a terminar con lo que resta de la cajetilla porque fumar debe ser como comerse una bolsa de dulces, ¿no?

La pared, esa pared en la que tantas veces busqué caracoles con mi hermano para nuestro imperio de juguete ahora se mueve,  siento todo el cuerpo débil y apesto a tabaco, como mi mamá en domingo cuando me pide que vaya a la tienda por una aspirina. Entro al baño, será una buena idea bañarme y regar perfume por toda la casa para que nadie sospeche que estuve haciendo esas cosas fascinantes y terribles.

¿Cómo iba  a adivinar que desde ese día estaba dando saltos sobre arenas movedizas? , ¿Cómo iba tener conciencia de la manera en  que disfrutaba el sabor del  lodo en cada caída anulando el dolor?, ¿Advertir que  en el humo de esos cigarrillos se formaba un infierno de placeres avanzados?

Siempre tuve prisa de algo, nunca los personaje de la escena correspondiente, ni el guión me parecieron suficientes, todo lo que me tocaba vivir era aburrido. Todas las fiestas a las que no fui, los hombres a los que no quise, las veces que no me enamoré como una tonta porque quise inventar otra forma de enamorarme con mis miedos amarrados y mis prejuicios sobre las pestañas siempre. Todos los chistes que no escuché,las muñecas que no peiné por pensar demasiado en hundir los barcos de papel antes de aburrirme.

Crecí casi al mismo tiempo que mi hermano, la diferencia de edad era imperceptible, pero yo siempre tuve que voltear a verlo sintiendo que ya estaba mucho más adelante que él, viendo como se hacía más pequeña su cabeza. Creyendo que la madurez consistía en fustigar sonrisas, castigándome por nada. Ante todo estuvo mi vanidad inquebrantable,  la imagen de ser la mujer del comercial que años después me pareció frívola  y vulgar. Desprecié a todos los que me querían porque no confiaba en nadie, porque recibir cariño era demasiado fácil.

Una sola vez creí estar enamorada, enferma y estúpidamente enamorada, traté de conquistarlo con mentiras, porque mi perfil no era de su interés. Él era fotógrafo y tenía 6 años más que yo, le dije que tenía  19 y me creyó, porque a los 16 ya se me había quitado la cara de tonta; le dije también que era estudiante de diseño de moda, no sé por qué carajo se me ocurrió, pero le pareció interesante. Después me invitó a su proyecto, era un álbum de fotos eróticas, pero sólo iba a participar si yo lo quería; acepté de inmediato y comencé a inventar en mi casa que tenía entrenamientos de voleibol. El estudio quedaba cerca de mi casa, la primera sesión traté de disimular que estaba nerviosa, él me pidió que me tranquilizara, pues era su trabajo y ya estaba acostumbrado a ver mujeres desnudas. Me quité la ropa y él me fue indicando qué posiciones tomar, era algo muy simple; pero me intrigaba que me mirara sólo como un objeto, un muro, todo menos una mujer, la mujer del comercial que yo quería ser.

Así me fui obsesionando por su desinterés, así lo convertí en mi nuevo objetivo, pero él ni una mirada. Éramos “buenos amigos”, yo le contaba mis problemas y él contestaba con pendejadas para hacerme reír, me decía que era muy guapa y que las cámaras me querían mucho, yo estaba segura de que le gustaba.Un día me armé de valor y mientras me enseñaba una foto quise besarlo, pero se empezó a reír haciéndose a un lado y no me dijo nada . Me fui muy apenada y salí corriendo para llorar como idiota sin que me viera, ese periodo reprobé como 6 materias por pensar en él, mis amigas ya estaban hasta la madre de que hablara de él; pero no lo vi hasta que me  habló para decirme que su proyecto había concluido y que quería enseñarme el álbum para darme las gracias. Ese día me presentó a su novio, que estaba más bueno que él y me regaló una copia de todas las fotos.

Me hice dueña de una extraña tendencia a la búsqueda de cuestiones imposibles, de cosas que salían totalmente de mi contexto, de amar lo que no iba a existir nunca fuera de mis sueños y de creer que era la mujer más fuerte y realista del mundo.  Yo misma me colocaba en las peores situaciones.

Fui tantas almas en un solo cuerpo, fui tantas curas en una sola enfermedad, fui tantos sabores en un solo bocado, fui tanto y a veces tan poco, pero fui siempreantes de tiempo, como si los años me sobraran. La vida me mira hoy como una moneda oxidada, y esta vez no cae en cruz , sino en cara; mi cara ,una cara vieja y triste que reza por volver en el tiempo, una cara cansada de usar cremas antiarrugas que no dan resultados, una cara cuyos ojos no tienen un recuerdo preciso del pasado.

Este es el futuro que planeé, aquí están mis ganas de ser un alma libre y de vivir sola, aquí está la vida adulta y aburrida que tanto deseaba, aquí está mi trabajo, mi salario mínimo y mis gatos gordos que ni siquiera se dejan acariciar. Este es mi cuerpo solo y hace tiempo vacío, estos son mis años coleccionados en cada poro, estas mis manos vacías son el polvo que no toqué porque era tonto ensuciarse. Esto es un carajo.

Y no me canso de mirar atrás, de estas ganas de jugar a los 45 con muñecas rotas, de salir de fiesta, de besar al niño más guapo del salón, de reír sin motivo, de querer a los que entonces me querían, de lamentar los momentos que ignoré, las oportunidades que mandé a la chingada por estar más concentrada en pegarme años y vida gastada a la piel  para sentirme suficiente.

Perseguí siempre las cosas parecidas al humo de mi primer cigarrillo, las cosas inasibles y dañinas. Aceleré para llegar a un sitio en el que nadie me esperaba, aceleré para encontrarme con muchas curvas peligrosas, me lancé al abismo y nunca me detuve a leer las instrucciones para saber por lo menos con qué botón se prende la luz aquí. Esta soy yo, tiempo perdido.