viernes, 21 de junio de 2013

Insisto: "Delirio" -Laura Restrepo

Los libros
No sé, luego hay algo de divino y mefistofélico en los libros. Por muy loco que suene, y que Voltaire me perdone esta superchería, pero te juro que hay libros que son espejo de todo un escenario. Pensar que por primera vez me dejé llevar de modo superficial al momento de comprar un libro, bastantes criterios que me hicieron creer que se me escurrían lo sesos por la espalda: la portada, una cosa muy llena de colores y pececillos naranjas (de esos que dicen que son japoneses pero hay un chingo en México), después algo que sé que perfectamente puede estar sujeto o sometido al proxenetismo de la oligarquía cultural: “Premio novela Alfaguara”, y así no más , sin leer la paráfrasis ni nada , me lo llevé; medio leí que trataba de una tal loca, medio llegué a la página 40 y pensé que la autora hacía un amplio y bello uso del lenguaje , pero sin sentirme atraída del todo por la obra; fue hasta la mitad, en la que de repenté emepecé a verme en cada párrafo del libro, en cada esquina de la página. Y yo era Agustina, y Eugenia era mi madre; cosas igual de terribles, pero a escala ocurrían en mi vida. Uno piensa de verdad , que ese libro se lo mandó alguien para que fuera leído en la precisa situación , en el exacto orden de la tragedia. Y le adelantan el final, le da tiempo de pensar las cosas. Y permítanme joderlos de manera petulante: no era un libro de autoayuda.
Gracias, Restrepo: por tu espejo, por tus verbos, por tus mapas, por tu delirio, y por esa escena de corbata roja que me hizo creer tantito en el amor.

miércoles, 19 de junio de 2013

Me deseaba en serio.

No, no es otra trágica historia de amor. No les voy a decir que me duele la distancia, ni que en mí se instaló de manera irreversible una nostalgia digna de tomarse una botella de whisky bajo el sonido de una tarde lluviosa.
Tampoco les voy a decir que lo quería, o que siento en el pecho el peso de las miles de páginas que no escribimos juntos.
No fue, ni siquiera, un asunto de levedad física. Siempre lo tuve de palabras, sí me llegó a perfumar el pelo con risas y tabaco húmedo, sí me llegó a mirar los senos discretamente mientras discutíamos sobre lo fea que era la portada de un libro de Sartre; pero nunca me tocó con otra cosa que no fueran sus metáforas.
Me tuvo desnuda, de texto en texto, hizo que sintiera en la moral lo que se siente cuando te hacen manita de puerco. Alguien tan lúcido, tan entero, resultando igual a los demás.
Y una vez lloré, lloré porque sabía que me encantaba aunque era un pendejo, y que si lo hubiera conocido antes no me rehusaría ante la idea de un noviazgo.
Si ustedes lo hubieran visto mirarme mientras creaba esa sonrisa tan sincera, tan impregnada de bonhomía; jurarían que me amaba. Pero él es así, no me ama, sólo lamenta las fechas.
Y me gusta darle sorbos fuertes al café mientras recuerdo todo esto, porque fue de los pocos, anque imparciales, eventos satisfactorios de mis últimos días. Porque andaba quebrada y llena de polvo; pero él no me trató con lástima, sólo se reía ,pagaba la cuenta y me deseaba en serio, no como los tontos.