jueves, 5 de julio de 2012

El cajón de los recuerdos.



Bajo la sombra de aquel árbol, o tal vez sobre ella estaban la libreta que pronto se convertiría en diario, el bolígrafo y Sara.
¿Cómo puedo tener yo doce años de edad y mil límites y fronteras para caminar? , es incongruente pensar que vivo en el campo y miro el horizonte, decir que miro el horizonte es decir que existe un límite, el horizonte es sólo un obstáculo, no obstante se puede superar, algunas aves descubren el truco porque son obstinadas y logran cruzarlo, otras sólo tienen suerte, vuelan despreocupadas y por accidente se pierden en orificios, deciden no volver nunca más al mundo de los márgenes celestiales.
Sería inútil explicarle algo así a mamá, ella no entiende siquiera lo que es una ave, lo que es volar, así consecuentemente no entiende nada de la vida, y con la vida me refiero a lo que pasa cotidianamente si lo observas desde cierto ángulo, desde ahí se mira la vida.
Hoy es un día, una fracción de mi vida, y ocurrió algo diferente: igual a lo que pasa en mis días, lo único que fue aburrido es el esfuerzo que tiene mamá por mantener esa misantropía y el escepticismo de papá ante los problemas de insensibilidad de mamá, esa horrible necesidad que tienen de pensar todo el tiempo en los problemas, ya deberían saber que se arreglan solos cuando tienen solución y que las cosas pasan por algo siendo parte del fluir universal, algo parecido leí el otro día y me pareció fabuloso, a lo que yo iba es a que hoy pudo ser un bonito día, pero lo arruinaron , terminé llorando con lo que dijeron, como siempre. Tengo que dejar de llorar y angustiarme por lo que dicen esos robots, si me ven llorar corren el riesgo de oxidarse así que se alejan de mí e ignoran que estoy llorando, quiero que me enseñen a no llorar, ellos lo aprendieron, pero no sé como.
Mañana iré con los Fraga a la ciudad, lo único emocionante son las librerías, las personas son invisibles en ese momento, claro que yo sólo los veo, Rossina los compra y después me los presta, mañana compraremos muchos.
También irá Rogelio, me agrada aunque cree que soy muy tímida y sólo sonrío con las cosas que me dice, él es muy extrovertido, está acostumbrado a convivir como los de la ciudad y a desinhibirse, mi hermano debería ser más como él, Alberto es aburrido, a veces olvido que existe, su cuerpo se mantiene inmóvil y no sé dónde está él.
Los señores fraga siempre parecen estar felices, creo que ellos si son de verdad, y mis papás son figuras de cartón o algo parecido, en fin, Rossina también debería parecerse más a sus papás, últimamente se preocupa por temas triviales como el color de esmalte que usará, y hace preguntas tontas, ya no somos como antes, pero sus padres han decidido invitarme, creen que soy amable, pero siempre estoy callada, a veces me callo para gritar internamente, eso me mantiene equilibrada.
He estado pensando mucho en eso de las emociones y su relación con lo externo, no es necesario llorar, puedo mantenerme seca con mi dolor, me han pisado bastante.
Es divertido escribir porque mi libreta es nueva, me la regaló Rossina porque me pareció bonita, el color de sus hojas es diferente y no necesito hablar con nadie. La libreta me entiende y seguiré escribiendo hasta la última hoja, cada página será diferente, pero siento que la primera es más importante.
Mi mamá compró un caballo y está muy distraída con eso, espero que le dure la falsa sonrisa, de cualquier modo el motivo sería vacuo
Sara salió de paseo al campo como todas las mañanas, disfrutaba de esos paseos matutinos, por el aire fresco, la melodía de las aves y el aroma a frutos; su hermano Alberto no pensaba lo mismo, prefería quedarse en casa sentado monótonamente frente al televisor, eran pocos los canales que recibía su viejo televisor, sin hablar de lo aburridos y borrosos que eran; a pesar de eso el televisor le causaba la vacuo sensación de estar cerca del mundo, reemplazaba el amor por visión hipnótica, claro está que su contexto social era reducido, siendo así, no se daba la oportunidad de convivir con la poca gente que podía.
Campos, bosques, rincones, cualquier sitio común podía convertirse en un mundo mágico bajo la percepción de una niña con tanta imaginación como Sara; solía comparar a los árboles con personas y si algo le habían enseñador era quedarse en e sitio donde nació, aunque fuera monótono; lección que las ganas de conocer más mundo borrarían más tarde.
Era poca gente la que vivía en esa pequeña zona rural, unas cuantas casas, la mayoría de las familias con parecidas situaciones y niveles económicos, a excepción de la casa grande al final del camino: La familia de los Fraga, amantes de los animales, poseedores de una elevadísima cantidad de dinero debido a la herencia, practicantes de las actividades al aire libres, amables, sonrientes y despreocupados, lo más cercano a la perfección.
Los padres de Sara sólo tenían tiempo para pensar en los problemas económicos, en las injusticias que se cometían hacia los humildes campesinos, y la única visión que tenían del futuro de sus hijos era la de dos campesinos como ellos, Alberto ya se había comprometido con ésta, pero Sara no, siempre soñaba despierta, aspiraba a más que ser una campesina, no obstante estaba orgullosa de sus padres y amaba el lugar en el que vivía,
pero Sara pintaba quimeras cada mañana, el campo era una de sus principales inspiraciones, nunca se aburría, encontraba cosas nuevas y bellas cada mañana, valoraba la belleza intrínseca de cada cosa que había a su alrededor, amaba a los animales, le parecía sumamente divertida la tarea de recolectar frutos, y cantaba al caminar, con su hermosa voz podía alegrar el ambiente y a la vez liberar su pasión; A veces también pintaba paisajes, leía y seguía soñando, imaginando historias y escenas de su futura y soñada fama como cantante, veía esas revistas en las que aparecían artistas del momento y no dejaba de cantar imaginándose en un escenario , tocando el piano tal vez o cualquier otro instrumento que acompañara dulcemente a su voz. La familia de Sara se reía y sus padres a veces le decían “querida, ya tienes 12 años, ¿cuándo comenzarás a ver la realidad?”, pero Sara era la que se reía por dentro, pues sabía que la manera más rápida de volverse mediocre era siendo realista.
Inteligencia artística, tanto musical como literaria, era lo que los padres de Sara no lograban ver, ese hermoso talento que tenía para cantar, pintar y escribir. Sólo sabían que Sara era una niña de campo, que sólo había aprendido a leer y que jamás iría a la universidad, pues la ciudad estaba muy lejos, por no hablar de los altos precios; si alguna vez iba a la ciudad era acompañando a su única compañera de aventuras Rossina Fraga, cuando pasaban por la universidad de la ciudad sonreían, Rossina podía mirar su futuro en ese muro, Sara era capaz de traspasar el muro, ir más allá. La única triste diferencia era que la única que tenía la certeza de un avance académico era Fraga.
Algunas veces Rossina compraba libros en la ciudad, y al terminar de leerlos podía prestárselos a Sara; extraño era que 2 niñas de 12 años leyeran las obras de Cortázar, Tolstoy, Sábato, entre otras complejidades.
Había días en los que Sara disfrutaba más de estar sola y escribir en aquella vieja libreta de cartón y hojas color pastel que Rossina le había regalado un día, se sentaba en alguna esquina diferente cada día para evitar las rutinas o únicamente caminaba.
Nadie imaginaba que una mañana común y corriente sucedería algo diferente, para Sara era diferente, pare el resto era una locura, pues esa mañana Sara había encontrado el pequeño cuerpo de un colibrí inmóvil, apagado sobre el intento de asfalto que se situaba en algunos parques de la zona, a pesar de que la pequeña ave parecía estar muerta, los colores que formaban su silueta eran capaces de darle vida, Sara quedó fascinada, ella juraba que estaba vivo, lo había escuchado cantar mientras ella lo hacía al caminar antes de que cayera al suelo, juraba que había escuchado algo, que tenía una voz elegante y similar a la de un ser humano, algo realmente fuera del marco, pero viniendo de Sara cualquier cosa podía ser real o ser una locura, así que lo llevó a casa intentando curarlo.
Todos creyeron que esta vez Sara estaba perdiendo la cabeza, pues si bien sabían que era una insensata soñadora, nunca esperaron una locura de ese nivel, los animales no hablaban, mucho menos cantaban al lado de las personas.
Linda, la madre de Sara le dijo fríamente: -Es imposible que ese animal esté vivo, debe ser otra de las historias que escribes, lástima que era tan bonito, podría disecarlo y utilizarlo como prendedor en tu cabello, te quedaría perfecto. -Sara detestaba esa manera en la que su madre le hablaba como si fuera una bebé carente de entendimiento, pero le parecía nauseabunda su forma de darle invalidez a la belleza de la vida animal. Sara corrió con el ave y se ocultó en su armario para llorar, pero eso no la hacía cambiar de opinión respecto a la vida del ave, pues ella juraba que sólo estaba inconsciente por el golpe.
Cuando se trataba de soñar, Sara no conocía los limites y ponía su corazón en esas pobres, pero poderosas esperanzas, ella sabía que no estaba loca, que había oído perfectamente cantar al pequeño colibrí, cantar hermosamente, pero estaba tan preocupada esperando la resurrección de ésta, que se había olvidado hasta de cantar. Así cada mañana amanecía con las esperanzas más débiles y al mismo tiempo que crecía se volvía más negativa y adquiría una dosis de ese realismo mediocre y triste de sus padres.
Comenzaba a cambiar todo cuando Sara cumplió los 15 años, trabajaba más en el campo y jugaba menos, pensaba un poco más y soñaba menos, se informaba más y creía menos, pero no dejaba de escribir ni cantar, aún le quedaban cosas buenas a pesar de que la habían desilusionado, había querido a su amiga Rossina , ella había cambiado y ya no estaban juntas, se la pasaba los fines de semana con sus amigas de la ciudad, había conocido al hermano de Rossina y también lo había querido, él había decidido irse a vivir a la ciudad para comenzar a estudiar. Se iba convirtiendo lentamente en una especie de muro sin color, podías encontrar unos cuantos rayones y palabras borrosas, pero no más. Era perseguida por recuerdos a modo de sombra, por un pasado que la extrañaba y vivía un presente de olvido, pero el baile del olvido tiende a seducir al pasado. En un campo pequeño y ligeramente vacío, no podían pasar muchas cosas nuevas.
La relación con su hermano había mejorado un poco, a veces visitaban la ciudad, pero el cansancio del viaje no valía la poca diversión que encontraban en ella, rostros desconocidos, personas con más sombra que cuerpo, risas con más ruido que sonrisa, una humanidad un tanto autómata, algo terrible.
Los años seguían pasando en gris, entre libros, cigarrillos y tazas de café, entre sombras de recuerdo, ni el recuerdo mismo, hojas con fantasmas de palabras, ilusiones perdidas y olvidadas, una persona que a pesar de vivir lejos de la peor manifestación de pérdida de sentido que era la ciudad, se había dejado moldear por ese sistema automatizado de realidad, de resignación frente a una cara de la mediocridad.
Las cosas continuaron normalmente aburridas a lo largo de los años; Sara ya había cumplido 18 años y seguía llena de esa inocencia, pues como la adolescente de campo que era, no tenía conciencia de los males del nuevo mundo, sus manos jamás habían tocado el teclado de un ordenador, nunca se había enamorado de un hombre; En cambio Alberto había conocido a una chica de ciudad en una de sus salidas por las compras y, siendo 3 años mayor que su hermana Sara, había decidido casarse e irse a la ciudad, una decisión claramente precipitada e impulsiva, arrastrado por un sentimiento efímero de novedad y esperanza. Todo era ordinario, excepto una cosa: el aspecto del colibrí, sí, aquel colibrí de la infancia de Sara, éste seguía fresco, cómo si estuviera en una eterna siesta, pero Sara ya no tenía tiempo para los recuerdos superfluos y apagados de su niñez, todo estaba en un viejo cajón inmóvil. Un día buscaba hilo y agujas entre sus cajones, pues debía arreglar un viejo vestido para asistir a la boda de su hermano, la cual no le importaba del todo, podía asegurar que ese matrimonio fracasaría, ni siquiera creía en el amor, mantenía una inocencia, pero lo poco que había visto del mundo la decepcionaba, el mundo que veía no era en el que vivía, pero un libro también podía ser un mundo, a veces se escapaba a aquellos mundos, pero el trabajo y el continuo pensamiento crítico que mantenía negativamente hacia las personas le quitaba mucho tiempo; siguió con la nariz sobre el mueble buscando lo que necesitaba, había algunos papeles, periódicos que ya habían
perdido las letras por el tiempo, tinta seca, recuerdos rotos y su viejísimo diario, sus sueños y vivencias de la infancia estaban ahí plasmados esperando los prometidos colores de la realización de Sara, esos que para ella ya estaban apagados y posiblemente extintos, pero no pudo evitar sentir que algo en su alma se movía al leer estas líneas, esa antigua revolución interior de su infancia estaba ahogada e imploraba ser despertada por las emociones de Sara, y sólo para liberar la nostalgia del momento decidió cantar una de sus viejas composiciones, y mientras cantaba una de las canciones que ella había escrito el mundo tomaba color, podía sentirse volátil, olvidarse de todos los mundos en ese momento y giraba con ritmo, al mismo tiempo escuchó una segunda voz y logró ver que algo se movía, supuso que nuevamente era una de sus sombras prófugas del cajón de los recuerdos, pero nunca había visto sombra tan pequeña, tan hermosa y tan sutil, no podía ser una sombra, era el colibrí ,y a diferencia de los colibrís que Sara conocía, éste movía sus alas lentamente como si no hubiera prisa de nada, ella pensó que estaba soñando así que decidió disfrutar el momento, detenerse sin dejar de cantar para contemplar sus colores y al terminar la canción notó que estaba despierta y ahí seguía el ex difunto colibrí que inmediatamente después dijo: -¡Vaya Sara!, he esperado muchos años para que volvieras a cantar. –Sara no podía creerlo, el mismo colibrí amarillo con rosa y negro de su infancia, era el que estaba hablándole.
-¿Quién eres, porqué hablas?-Dijo Sara , y el colibrí contestó:
-Tú bien sabes quien soy, pues en mí alojaste tus más grandes sueños y esperanzas, pero después comenzaste a creer en las amargas palabras de tus padres, sin darte cuenta comenzase a ver el mundo de la manera que se podía ver con los ojos del cuerpo, no con los
del alma y decidiste olvidarme, cuando lo único que me podía dar vida era la belleza de tu mágico canto. –Sara, asustada dijo:
-Pepepe…ro, Tú no estás vivo, esto no es real, debo estar volviéndome loca. – A lo que el colibrí contestó:
-Que lástima, suenas exactamente igual que tus padres, apuesto a que en este momento si ellos me ven, creerán más en mí que tú.
Sara algo confundida, decidió creer que eso era real y lo guardó en una pequeña caja con orificios, después se apresuró a hacer sus maletas y prefirió no comentarles nada a sus padres por el momento; después se miró al espejo y extrañó a la que era antes, ¿Qué había sido de su amor por el arte, de su inteligencia?, simplemente ya no era la auténtica soñadora insensata de antes, no obstante en ese momento se sintió más hermosa y joven, pero le pareció extraño, en sus enormes y oscuros ojos había una pizca de brillo y felicidad, sus finos labios parecían más rosas que antes y tenía un bronceado que mostraba frescura. Sus padres lo notaron, pero optaron por la trivial suposición de que la boda de Alberto era la causa de su radiante sonrisa
Al llegar a la ciudad, todo le parecía tan serio y sombrío, nada como el campo, era una ciudad pequeña, pero todo era grande en comparación al campo, pero la felicidad de Sara radicaba de algo más profundo, así que no le dio importancia y sus sentimientos comenzaron a carecer de ecuanimidad, pues ella estaba al extremo de la beatitud. Cuando decidió echarle un vistazo a la pequeña ave, notó que estaba muerta otra vez, pero sabía que al cantar esto cambiaría.
Al llegar a la boda, todo era en extremo elegante y pretencioso, pues la familia de Nina, la novia de Alberto era muy rica y poderosa, había muchas personas importantes ahí y la humilde familia de campesinos permanecía opaca e inexistente a los ojos de esa sociedad.
Cuando terminó la cena, el grupo comenzó a tocar para la hora del baile, los mismos rostros de falsas sonrisas, todos idénticos, los mismos pies con pasos bien pensados, todo perfectamente planeado, el sonido del piano bajo una de las más famosas piezas de Chopin, las copas diáfanas, pero indestructibles de champaña, el vestido corto de Sara debido al tiempo que tenía, infinidad de deliciosos postres y bocadillos, nada es importante cuando se tiene un colibrí que habla en el bolsillo.
Sara decidió despertar, era hora de transformar en una realidad todos sus sueños, y haría todo por lograrlo, la niña de antes había despertado, sólo que con más carácter; Se levantó de la mesa y subió al escenario diciendo:
-Atención, me llamo Sara, soy hermana de Alberto y quiero mostrarles algo increíble.
Así comenzó a cantar y ella misma vio al colibrí volando a su lado y haciendo un hermoso contraste con su voz, la gente la miraba impresionada, pues a pesar de que había numerosos cantantes y músicos, nunca habían escuchado una voz como la de Sara, al terminar la canción hasta los padres de Sara lloraban de orgullo, todos esos años y nunca tuvieron la atención de escucharla, el chelo y los otros instrumentos también eran una perfecta compañía para su voz.
Un hombre con una personalidad autoritaria se dirigió a Sara diciendo:
-Impresionante, Soy Manuel Azures, director de la escuela de música y Tío de Nina. –Sara sonrió y dijo:
-Mucho gusto, lo sé, ¿No es increíble y mágico que un colibrí pueda cantar de esa manera? -El director desconcertado contestó:
-Pues si así le gusta que la llamen, Colibrí será., tengo una oferta muy interesante para que se instruya como cantante y músico profesional, ¿Le interesaría?. –Cuando Sara buscó ya no había ningún colibrí, y sólo ella lo había visto cantar, sólo así comprendió el poder y la magia de sus sueños y feliz respondió:
-Toda la vida esperé para oír esas palabras.
Dan Fergadis

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