No sé, cariño: si usted me viera hoy aquí sentada en una banca de madera despintada, fumando cigarros baratos y escuchando mala música; no estaría tan seguro de que no lo extraño. Veo las plantas que escalan paredes con postura sarcástica y le juro que se burlan de mí, de nosotros, de esta distancia tan infectada con la que nos justificamos.
Me acuerdo de usted cuando veo los sobres de azúcar en los cafés, de cómo los odiaba por su formato triste y mesurado; me acuerdo de usted cuando escucho a Nirvana; cuando veo todos esos libros de Sabines, García Lorca y Benedetti , tan tristes y empolvados; me acuerdo también cuando veo las caras molestas de los transéuntes, de cómo no nos fijábamos en la prisa del mundo porque íbamos de la mano y eso nos parecía suficiente para creer que duraría, que la sonrisa sería perenne.
No se atreva pues, a creer que esa sonrisa que vio usted en mi cara el otro día en la plaza era la misma, que era natural. Porque yo sé que usted no es idiota, y que advierte de manera espontánea que ese brazo que yo llevaba a mi lado era sólo un intento de reinicio; que detrás de ese falso estoicismo con el que me pinto los labios de rojo, está esa mujer de ruinas que tanto lo quiso algún día , que tanto duda todavía de olvidarlo.
Esto no es para pedirle que vuelva, sino para hacerle saber que goza usted de la increíble libertad de hacerme pedazos con una palabra, de hacerme girar la cabeza como un títere desnudo para tenerme de vuelta cuando usted lo quiera.
He rasgado mis juramentos de papel tizado. Sé que dije que no volvería a escribirle.
No es cierto eso de que mis letras surgen de esa egoísta introspección de la que tanto presumo, porque debo confesar que desde usted mis palabras se arrastran al antojo de sus ojos, mire como desde que se fue se notan pegajosas y redundan.
Uno se cansa también de hablar de despedidas, de nulos abrazos, de fracasos repentinos.
Renuncio a usted y a la mala prosa de la que me enferma, a los temas amargos, a los vicios baratos, a este vuelo con brazos.
Rencores de estaño fundido, sudor de arena. Si estuviera segura de algo, no escribiría. Aquí mi filatelia de catástrofes:
viernes, 2 de agosto de 2013
Por si no lo sabe.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario