Rencores de estaño fundido, sudor de arena. Si estuviera segura de algo, no escribiría. Aquí mi filatelia de catástrofes:
sábado, 9 de noviembre de 2013
Sorry not sorry.
Línea del tiempo.
lunes, 28 de octubre de 2013
Perdida y callada.
domingo, 15 de septiembre de 2013
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viernes, 2 de agosto de 2013
Friendzone Fail.
El silencio pesaba, no sé hasta hoy si esa luna de juguete fue un invento de su apología del placer.
Lo detesto, me gustaría decírselo. Borré su estúpida nota de mi espejo "Pinta tus labios de elocuencia y tu mirada de aire crítico". No sé a qué pobre diablo le roba los versos, pero me convenció en muchas ocasiones.
Yo pensaba que valoraba de mí el diálogo, en el peor de los casos : que venía porque se sentía solo. No sabía que se trataba de mi cuerpo, ni del olor de mi piel.
Quiero romperle la cara, no soporto la manera despreocupada con la que me quiere dar consejos de tierra quemada. Lo odio, tiene que entender que no somos amigos. Los amigos no se entierran en la pared a besos, los amigos no miran oportuna la frágil conciencia de sus perdidas compañeras. Los amigos no insisten ni argumentan sus fatales transgresiones a causa del placer. Los amigos olvidan, no construyen edificios de cartón en días de lluvia sobre ruinas de cristal. Sé que no va a leerlo, que está lejos preguntándose por qué ya no soy capaz de reíme de sus malos chistes , de contarle por qué estoy castigada, con quién estoy saliendo, de mirarlo a los ojos sin náusea.
Esta tarde.
Crees que me dejas sola, pero sigues aquí, en cada respiro, en cada cambio de página, en cada aforismo de papel en blanco.
Y mientras yo leo, tú estarás por ahí enamorándote de otra mujer.
Ya no puedo bendecir la lluvia por ti, el clima en su hostilidad me rasguña la nostalgia y me tuerce la retórica. Ya ni siquiera puedo mirarme al espejo sin lamentar mi palidez de arena fría.
Quiero alejarme del absurdo capricho que mirarte de lejos me provoca.
Cómo te odio cuando te vas para volver.
Por si no lo sabe.
No sé, cariño: si usted me viera hoy aquí sentada en una banca de madera despintada, fumando cigarros baratos y escuchando mala música; no estaría tan seguro de que no lo extraño. Veo las plantas que escalan paredes con postura sarcástica y le juro que se burlan de mí, de nosotros, de esta distancia tan infectada con la que nos justificamos.
Me acuerdo de usted cuando veo los sobres de azúcar en los cafés, de cómo los odiaba por su formato triste y mesurado; me acuerdo de usted cuando escucho a Nirvana; cuando veo todos esos libros de Sabines, García Lorca y Benedetti , tan tristes y empolvados; me acuerdo también cuando veo las caras molestas de los transéuntes, de cómo no nos fijábamos en la prisa del mundo porque íbamos de la mano y eso nos parecía suficiente para creer que duraría, que la sonrisa sería perenne.
No se atreva pues, a creer que esa sonrisa que vio usted en mi cara el otro día en la plaza era la misma, que era natural. Porque yo sé que usted no es idiota, y que advierte de manera espontánea que ese brazo que yo llevaba a mi lado era sólo un intento de reinicio; que detrás de ese falso estoicismo con el que me pinto los labios de rojo, está esa mujer de ruinas que tanto lo quiso algún día , que tanto duda todavía de olvidarlo.
Esto no es para pedirle que vuelva, sino para hacerle saber que goza usted de la increíble libertad de hacerme pedazos con una palabra, de hacerme girar la cabeza como un títere desnudo para tenerme de vuelta cuando usted lo quiera.
He rasgado mis juramentos de papel tizado. Sé que dije que no volvería a escribirle.
No es cierto eso de que mis letras surgen de esa egoísta introspección de la que tanto presumo, porque debo confesar que desde usted mis palabras se arrastran al antojo de sus ojos, mire como desde que se fue se notan pegajosas y redundan.
Uno se cansa también de hablar de despedidas, de nulos abrazos, de fracasos repentinos.
Renuncio a usted y a la mala prosa de la que me enferma, a los temas amargos, a los vicios baratos, a este vuelo con brazos.
La recurrida y estúpida charla sobre el amor.
-Siempre me ha intrigado saber cómo ama una mujer como tú.
-Cómo amo...pues, no sé si lo que hago es amar. No sé si cada detalle amable en el que me aparto de mi manera fría de mirar pueda considerarse como amar.
-A ver, ¿para ti qué es amar?
- Es que amar es muchas cosas. No me atrevería a transgredir los restos de absolutismo que quedan de ese concepto por medio del lenguaje. Hay cosas que realmente no podría tratar de explicar sin terminar arrancándome el cabello.
-Oh, vamos. Eres lista, lo que se te ocurra...
- Amar es el atrevimiento de reducir el universo al mínimo espacio que puedes abarcar al lado de una persona aguantando la respiración y tener la certeza de que eso es suficiente.
-Joder, perfecto.
-¿Perfecto? No: así puedo darte mil definiciones saturadas de retórica sin abarcar el término intrínseco y verdadero de lo que es el amor. Porque alguien que sólo sabe de amor por las veces que se ha puesto en los zapatos de los personajes de sus libros favoritos , nunca va a poder explicarte algo así sin caer en las seducciones del lenguaje.
-Bueno, no me has dicho qué es para ti amar.
- Siendo sincera: el amor, ese amor perfecto del que todo el mundo habla y al que todos los románticos tajados de frivolidad aspiran; me parece una grandísima estafa, un invento de la mercadotecnia y las malas novelas.
lunes, 8 de julio de 2013
¿No te cansas?
¿No te cansas?, ¿No es agotador caminar sobre el profundísimo lodo? , ¿No te pesa sonreír ante las cámaras apestañadas de esos cíclopes atormentados que te persiguen con sus posturas de cartón pintado?
Porque al menos a mí desde lejos me jode, me jode mirar el hilo tensado por saber que te me escapas; la lamentable noción de saber que lees los libros que te regalé girados a más de 180 grados, la casi deplorable certeza con la que te juras el brillo del espejo estrellado.
Debe romper la columna amanecer desnuda y pintarse de falsas convicciones cada mañana, con la iniciativa de rescatar una relación de la que ya no quedan mas que ruinas y filatelias de mariposas muertas. Al final del pasillo queda sonreirle al mundo con los dientes apretados y vendarse bien fuerte los ojos para jurar con minimalismo léxico la inmensa felicidad en la que presumes revolcarte.
miércoles, 3 de julio de 2013
Malas noticias, amiga.
Hoy te vi, ya no necesito mirarte para apreciar tu completa imagen, hasta tu sombra tras la neblina me parece visible. Supe desde el primer día, como pirómana de hielo que soy, que venías para que te quemara las cortinas sin quererlo. Te negabas; dijiste que el humo es inasible, y era cierto, pero te fui quitando el polvo de los ojos para luego escupirte alquitrán. Evasiva como nadie, o más bien como yo. No te voy a decir que fue un accidente tomar tu mano sabiendo que éramos hielo derrietiéndose, no te voy decir que quedarme contigo fue un accidente. Pero sí creí que tus ojeras eran naturales: sé que estás rota,sé que no puedo ayudarte en nada; pero sé también que esta ruina que soy va perfecta con tus cristales que reflejan la demencia de lo que ya no somos.
No somos amigas, somos títeres taladrados de falacia. Detesto poder adivinar cada movimieto tuyo, detesto tus vicios que son tan distintos a los míos.
Se me inunda la sonrisa cada vez que te niegas a una confesión y mi intuición tiene que ser piadosa con tus ojos arrugados. Me revienta los sesos que me juzgues con tanta devoción de lo anhelado entre la mugre de tus uñas sangrantes.
No haré promesas estúpidas calcadas de una bastardería filantrópica, pero puedes saber que nunca voy a dejar de prestarte mis libros. Te perdono por los pétalos quemados de risa frustrada, te perdono la omisión.
Malas noticias: te quiero, bastarda. No me hagas repetirlo nunca, no me avergüences diciendo que entronizo fatalidades sobre papel, porque esta es la verdad más completa que voy darte; las malas noticias se dan en voz alta y en el último piso de un edificio.
viernes, 21 de junio de 2013
Insisto: "Delirio" -Laura Restrepo
Los libros
No sé, luego hay algo de divino y mefistofélico en los libros. Por muy loco que suene, y que Voltaire me perdone esta superchería, pero te juro que hay libros que son espejo de todo un escenario. Pensar que por primera vez me dejé llevar de modo superficial al momento de comprar un libro, bastantes criterios que me hicieron creer que se me escurrían lo sesos por la espalda: la portada, una cosa muy llena de colores y pececillos naranjas (de esos que dicen que son japoneses pero hay un chingo en México), después algo que sé que perfectamente puede estar sujeto o sometido al proxenetismo de la oligarquía cultural: “Premio novela Alfaguara”, y así no más , sin leer la paráfrasis ni nada , me lo llevé; medio leí que trataba de una tal loca, medio llegué a la página 40 y pensé que la autora hacía un amplio y bello uso del lenguaje , pero sin sentirme atraída del todo por la obra; fue hasta la mitad, en la que de repenté emepecé a verme en cada párrafo del libro, en cada esquina de la página. Y yo era Agustina, y Eugenia era mi madre; cosas igual de terribles, pero a escala ocurrían en mi vida. Uno piensa de verdad , que ese libro se lo mandó alguien para que fuera leído en la precisa situación , en el exacto orden de la tragedia. Y le adelantan el final, le da tiempo de pensar las cosas. Y permítanme joderlos de manera petulante: no era un libro de autoayuda.
Gracias, Restrepo: por tu espejo, por tus verbos, por tus mapas, por tu delirio, y por esa escena de corbata roja que me hizo creer tantito en el amor.
miércoles, 19 de junio de 2013
Me deseaba en serio.
No, no es otra trágica historia de amor. No les voy a decir que me duele la distancia, ni que en mí se instaló de manera irreversible una nostalgia digna de tomarse una botella de whisky bajo el sonido de una tarde lluviosa.
Tampoco les voy a decir que lo quería, o que siento en el pecho el peso de las miles de páginas que no escribimos juntos.
No fue, ni siquiera, un asunto de levedad física. Siempre lo tuve de palabras, sí me llegó a perfumar el pelo con risas y tabaco húmedo, sí me llegó a mirar los senos discretamente mientras discutíamos sobre lo fea que era la portada de un libro de Sartre; pero nunca me tocó con otra cosa que no fueran sus metáforas.
Me tuvo desnuda, de texto en texto, hizo que sintiera en la moral lo que se siente cuando te hacen manita de puerco. Alguien tan lúcido, tan entero, resultando igual a los demás.
Y una vez lloré, lloré porque sabía que me encantaba aunque era un pendejo, y que si lo hubiera conocido antes no me rehusaría ante la idea de un noviazgo.
Si ustedes lo hubieran visto mirarme mientras creaba esa sonrisa tan sincera, tan impregnada de bonhomía; jurarían que me amaba. Pero él es así, no me ama, sólo lamenta las fechas.
Y me gusta darle sorbos fuertes al café mientras recuerdo todo esto, porque fue de los pocos, anque imparciales, eventos satisfactorios de mis últimos días. Porque andaba quebrada y llena de polvo; pero él no me trató con lástima, sólo se reía ,pagaba la cuenta y me deseaba en serio, no como los tontos.
martes, 28 de mayo de 2013
Libros.



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